LOS AGENTES DE LA DNCD LO SORPRENDIERON CON UNA BUENA PARTE DE LA VENTA DEL DÍA
Ramón Urbáez
hector.urbaez@listindiario.com
La Isleta, Moca

Frágil. Kevin Jiménez se inició en las drogas en el 2001 y acepta con humildad que violó la ley.
Kelvin Jiménez se detuvo un poco intimidado en la pequeña plaza de las calles 6 y 12 del ensanche Espaillat, de Santiago. Eran las ocho y tres minutos de la noche. La presencia de dos desconocidos sentados a contraluz en un banco de metal aceleró los latidos de su corazón.
Acababa de llegar a su esquina y llevaba encima 206 gramos de cocaína divididos en 70 raciones de uno, dos y tres gramos y medio. No tuvo tiempo de correr ni de tirar la droga. De repente, los dos hombres se abalanzaron sobre él y al mismo tiempo otros diez agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas se presentaron en el lugar.
“Sólo pensé en mis hijos y en mi madre. Qué iba a decir ella que siempre ha estado en contra de eso. Mi madre es cristiana y tiene fobia a los traficantes. Y ella en Nueva York no se imaginaba que aquí, yo, su hijo, estaba en eso”.
Vestido con una chaqueta verde que identifica a los convictos de la cárcel modelo La isleta de Moca, Kelvin Jiménez aparenta un poco más de los 27 años que tiene. Robusto y sereno, su actitud y sus palabras revelan la tristeza y la angustia que le produce estar preso, lejos de su esposa y de sus hijos. “Estoy aquí porque me salí del camino correcto, porque no respeté las normas ni las leyes de mi país, lo que lamento profundamente. Violé la ley de drogas y cumplo una merecida condena por narcotráfico”.
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