CAÑAFISTOL ENTRE EL ABANDONO Y LA ESPERANZA

Cañafístol, comunidad perteneciente al Municipio de Baní, habitada por gente laboriosa que se levanta cuando el sol apenas anuncia el nacer del nuevo día, dispuestos a ganar la batalla con la que procurarán ganar el sustento de sus familias, se encuentra totalmente abandonada a su suerte por parte de las autoridades gubernamentales.
Más de 6 mil tareas de tierra productiva carente del agua suficiente para mojarse, porque el canal Marcos A. Cabral en muchas ocasiones solo es un dulce recuerdo de lo que fue en el pasado, cuando agua suficiente corría entre sus muros. Hoy tienen que depender de la generosidad de la naturaleza para que le aporte lluvia suficiente para poder seguir sembrando la esperanza entre los surcos, y hasta esta se ha negado. Esperaron por mucho tiempo dos motores que amortiguaran sus padecimientos por la carencia del líquido vital, y como jugada del destino no pueden moverlos porque requieren de energía eléctrica. El 40% de lo que siembran, se pierde por falta de agua.
Lastima a las almas más sensibles, cuando abruptamente chocan con la realidad de que no solo carecen del agua para regadío, sino que el agua para el consumo humano brilla por su ausencia por la falta de un acueducto en la comunidad, por lo que se ven obligados a destinar decenas de miles de pesos para comprar agua, lo que demuestra como un recurso tan necesario para la vida, se ha convertido en un gran negocio, bajo la mirada indiferente del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados INAPA y el Instituto Dominicano de Recursos Hidráulicos INDRHI. Esto contrasta con los 6 metros cúbicos por segundo que se destinan de la presa de Valdesia a satisfacer las necesidades de las personas en el Gran Santo Domingo, como si esta laboriosa gente de Cañafístol no tuvieran la condición de humanos.
A estas carencias se suma que reciben 20 horas de apagones diarios, por lo que la vida de aquella noble gente se torna insoportable. Entre las tinieblas de la noche y la desesperanza, crece la delincuencia. En Cañafístol existe un cuartel de policías que cuenta apenas con un Rambo, lo que significa que si patrulla las calles el recinto policial se queda solo, por lo que probablemente a su regreso no encuentre ni siquiera las paredes.
No obstante esta desgarrante realidad, en su entorno se ha instalado el lucrativo negocio de las granceras, las que han provocado daños irreversibles al medio ambiente. Probablemente recordaremos que hace algún tiempo, y como resultado de torrenciales aguaceros, el arroyo Bahía se desbordó, penetró a la comunidad ocasionando daños materiales y estuvo a punto de producir una tragedia humana. En una pose demagógica el gobierno ordenó cerrar estos negocios, pero a las pocas semanas volvieron a operar normalmente.


Crece la indignación de estos dominicanos y dominicanas de esta humilde comunidad. Han dicho que están cansados de esperar por soluciones que no llegan, y hablan con claridad y firmeza, sobre su determinación de lanzarse a las calles a exigir lo que les han arrebatado. La Asociación de Agricultores Juan Caballero con 40 años de fundada, las juntas de vecinos y las organizaciones de jóvenes han dicho que ya está bueno.
Demandan del gobierno y sus autoridades, poner sus ojos sobre Cañafístol, e iniciar un proceso de satisfacción de las necesidades fundamentales que reclaman los sectores organizados de esta comunidad, distante apenas 3 kilómetros de la ciudad de Baní.
La denuncia fue realizada por Melvin Aguasvivas, Milcio Melo, Manuel Báez, Sonia Jiménez, Santa Felicia Rodríguez, José Luis Mateo, Nelson Mejía y Rusbel Torres.

 

Por Juan Martínez
Profesor, periodista y abogado
Baní, 21 de Octubre 2015.

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